Lo que escribí hace 15 años sobre el matrimonoide gay con el seudónimo Roberto Baldini

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Algunos textos están desactualizados o ya no concuerdo con ellos, pero he preferido no modificarlos


Y también publiqué en los Foros del Partido Popular de España este texto  a vuela pluma en el año 2003, que transcribo a continuación. También está desactualizado porque en ese momento daba ingenuamente mucha importancia al tema de la "adopción" por parejas homosexuales (hoy ampliamente rebasado y superado porque las patermaternizaciones fraudulentas de homosexuales se crean sus propios huérfanos mediante alquiler de vientres o inseminación en bancos de esperma anónimos). Asimismo, ya he dejado de aludir a la composición  "heterosexual" del matrimonio o la "heterosexualidad" del matrimonio por considerarlos conceptos equívocos. Reproduzco el artículo tal cual porque lo creo ilustrativo de una evolución.


Puesto originalmente en los foros del PP.
1.-






El ”matrimonio homosexual” es un disparate, resulta un disparate en sí mismo y está fundamentado en muchos disparates. Resultará inconveniente y dañino para los niños, la sociedad en su conjunto y para el propio colectivo homosexual. Como todos los desbordes extremistas y demagógicos, producirá dentro de 50 años (por poner un lapso de tiempo en el que conocerán en plenitud -sin atajos mediáticos- sus desastrosos resultados, pero podría ser antes) una reacción homofóbica en regla que hará retroceder la situación del colectivo homosexual. Es una modificación legal de retroceso y no de progreso social. Si los Señores del Foro no me censuran iré explicando estas afirmaciones en éste y sucesivos mensajes.






El disparate por antonomasia, la madre de los disparates, es aquella afirmación según la cual el ”matrimonio homosexual” vendría a remediar una situación de ”discriminación”.






El principio constitucional de igualdad ante la ley y no discriminación está fundado en asegurar la igualdad de los Ciudadanos cuando pretenda crearse una desigualdad artificial, pero no para crear una igualdad artificial en situaciones desiguales.






Esto es obvio y los promotores del ”matrimonio homosexual” lo saben, pero de todos modos pasaré a desarrollarlo, haciendo de cuenta que no lo entienden.






Ejemplo típico de resguardo antidiscriminatorio es impedir restricciones por razón de raza.






Algo más complicado es el resguardo por razón de religión (un mormón o musulmán no podría pretender se les autorice la poligamia) o sexo (el tema es discutido en derecho laboral, pero en ocasiones no puede negarse al empleador tomar total o parcialmente, empleados de determinado sexo).






La ”orientación sexual” (en buen romance, la homosexualidad) no es causa de discriminación legítima y así está asegurado en las legislaciones (y en la realidad social) de casi todos los países (Podría decir todos, pero, sería entrar en una polémica innecesaria)






A la inversa, ejemplos de discriminación legítima serían por ejemplo, aquellos que determinan algunas restricciones para los extranjeros, a los menores de edad, a ciertas discapacidades (un sordo no podría pretender pilotear un avión), al matrimonio incestuoso (la explicación de la discriminación en este caso merece un párrafo aparte, pero tampoco quiero entrar en polémicas innecesarias, por ahora), la vigencia del requisito de idoneidad, etc. etc.,






El esposo varón que exigiera se le diera el permiso por maternidad sería tomado por loco o jocoso, aún si pretendiera fundamentar su pedido en modernas teorías sobre la igualdad de género, la trasmisión de la implicancias psicológicas del embarazo o la completitividad del afecto conyugal.






Pues bien, por alguna razón (ya iremos viendo cual es), si bien la unión del hombre y la mujer (que existe y se llama desde tiempo inmemorial, matrimonio) es manifiestamente distinta a la unión de personas del mismo sexo, se pretende que son iguales y merecen legislaciones idénticas.






La principal nota de la diferencia entre ambas uniones es que hombre y mujer, tienen productividad biológica, producen hijos. La unión de personas del mismo sexo, no. (Hay otras e importantes diferencias, pero no es necesario explicarlas ahora.).


















2.-





La productividad biológica a raíz de la atracción intersexos (dato primario de la realidad del reino animal para asegurar la perpetuación del especie), trasladada al género humano, deriva en matrimonio.






En efecto, como parte de las diferenciaciones que llevaron al ”homo sapiens” a elevarse por encima del resto de los animales, está el trato que aseguró a sus ”crías”. Por un lado éstas nacen en una situación de absoluto desvalimento respecto a la de otros animales. Por otra parte la misma evolución notable de la especie humana (su inteligencia y acumulación cultural) hace que los bebés y niños humanos no puedan separarse de sus padres por muchos años (a fin de asegurar la trasmisión de esa acumulación social y cultural).






Sin entrar en otros detalles interesantes pero que alargarían esta exposición, base decir, que la forma legal, institucional que la sociedad estableció para asegurar la mejor trasmisión de medios materiales, culturales y afectivos, a los niños, fue y es, el matrimonio.






La Sociedad conformó así lo que yo llamo su ”unidad reproductiva eficiente”. El matrimonio, es la unidad reproductiva eficiente de la sociedad.






Su esencia es heterosexual y resulta uno de los tantos disparates antes aludidos, que se pretenda lo contrario, o que se niegue que su origen y finalidad es asegurar la mejor procreación, manutención y socialización de los niños.






Tan importante es la Institución matrimonial que introdujo directamente en las religiones normas que la regularon. De ahí la confusión (interesada las más de las veces y de buena fe en otras pocas) que se hace entre matrimonio y religión. El matrimonio siempre es una Institución civil, aunque, por su importancia, todas las religiones -en mayor o menor medida- la hicieron parte de su dogma y liturgia.






En estos foros (los foros del PP), un contertulio muy afecto a la censura, nos arrojó según él, esta definición de matrimonio: ”El matrimonio civil es una institución que regula la convivencia y comunidad de vida entre dos personas (actualmente hombre y mujer) con un proyecto de vida y unos intereses en común”






Obviamente, esta no es ni la definición ni la esencia del matrimonio.






Veamos...


















3.-






Una objeción primaria a esta definición es por qué motivo ha reducido su rango cuantitativo a ”dos” personas. Existen en otras sociedades matrimonios poligámicos de más de dos personas (generalmente un hombre y varias mujeres). Este tipo de matrimonios no nos gusta, no es conveniente, pero por lo pronto no deja de ser tan matrimonio como el monogámico y tiene su mismo origen y finalidad (crear la unidad reproductiva eficiente, así por lo menos lo creen los pueblos donde la poligamia rige).






Pero es cierto un dato importante: la poligamia es absolutamente minoritaria, aún en los países musulmanes por ejemplo, donde en los hechos casi no rige, pues la esposa antecedente puede negarse a que su marido tome ulteriores mujeres. (Podría explicar las causas puntuales de la poligamia y serían interesantes incluso para el tema que estamos tratando, pero alargaría demasiado esta exposición).






En realidad, el modelo primario de matrimonio siempre es monogámico (aún en sociedades que aceptan la poligamia) a partir del hecho fisiologico de la copulación y fecundación. En efecto, aún en casos extremos de promiscuidad sexual, el acoplamiento humano es entre un solo hombre y una sola mujer (esto es conceptualmente así aún en casos extremos que sugerirían lo contrario, como el de violaciones masivas u orgías) y su producto biológico también (el embrión surge de la unión de un esperrmatozoide de un solo hombre con el óvulo de una sola mujer, he escuchado casos de mellizos heterocigóticos provenientes de espermatozoides de distintos hombres, producto de situaciones de extrema promiscuidad sexual, pero son tan raros que podrían como simples excepciones que confirman la regla, lo mismo puede decirse de manipulaciones fecundativas que podrían hacerse en la actualidad).






Como la cópula humana es producida y produce a su vez un intenso lazo afectivo entre el hombre y la mujer (acentuado por la creación de su producto biológico común)restringe casi universalmente el matrimonio a la unión de un solo hombre con una sola mujer.






Es cierto el dato de la polaridad, de la conjunción de dos elementos, pero esos elementos son siempre lo masculino y lo femenino, el hombre y la mujer, el macho y la hembra.






Tenemos en consecuencia que si bien no es de la esencia del matrimonio estar conformado por dos personas si lo es de su naturaleza.






Y por tanto, solo podría ientenderse en la definición de matrimonio aquéllo de ”dos” personas, si nos estamos refiriendo a un hombre y una mujer.






Trasladado el tema al invento del ”matrimonio entre personas del mismo sexo” tenemos que:...


















4.-





En las uniones de personas del mismo sexo...






1) La cópula deja de ser bipolar en lo que respecta a su producto biologico, directamente no existe.






2) También deja de ser bipolar absoluta y se transforma en bipolar parcial, es decir, un integrante asume por momentos el rol activo (la penetración) y en otros el rol pasivo (es penetrado). Esto tiene su importancia en la distinta intensidad de la ligazón afectiva las parejas hetero y homo, pero dejo la explicación para más adelante, si el tiempo y mi cansancio lo permiten.






3) Pero además pierde sentido la bipolaridad afectiva. Ya vimos que el matrimonio poligámico esta se diluye. En las uniones del mismo sexo la bipolaridad solo parcial y la ausencia de producto biológico común no solo disminuyen la afectividad sino que introducen más nitidamente la realidad de las uniones entre tres, cuatro o más personas. Un ejemplo, la poligamia solo es repudiable porque implica una minusvaloración de la mujer, al tener que competir con otras mujeres en el afecto del marido (implica un fraccionamiento afectivo) pero esto no sucedería en teoría con las uniones ”poligámicas” entre personas del mismo sexo. Todas, en teoría, tendrían la misma jerarquía afectiva y no existirían minusvaloraciones. Solo una cosmética de mejor presentación en sociedad, podría restringir la definición del ”matrimonio homosexual” a solo ”dos” personas.






Lo que tiene sentido aplicado a la bipolaridad masculino-femenino, deja de tenerlo llevado a las parejas del mismo sexo.






SALVO... que se reconozca que en realidad el ”matrimonio homosexual” sería una modesta e incompleta imitación del matrimonio verdadero (y por lo tanto, NO IGUAL A ÉSTE)...











5.-


Continuando con el análisis de la errónea definición de matrimonio que nos brinda el coforero antes aludido, concéntremonos ahora en el párrafo que dice: ”... es una institución que regula la convivencia y comunidad de vida entre ... personas ... con un proyecto de vida y unos intereses en común”






Como puede observase he suprimido la alusión cuantitiva a ”dos” personas (que ya vimos no es de la esencia del matrimonio y sí de su naturaleza, por la bipolaridad heterosexual) y la mención superfetativa de ”actualmente, entre un hombre y una mujer” (obviamente una definición no admite aclaraciones de rango temporal).






La ”definición” queda en consecuencia circunscripta a la ”Institucíón” que ”regula” la ”convivencia y comunidad de vida entre personas con unos intereses y proyecto de vida en común”. Son evidentes, por lo pronto, las redundancias. Pero también resultan extrañas algunas poco claras conjunciones. ¿Convivencia y comunidad de vida son sinónimos? ¿O son cosas distintas que deben darse conjuntamente? ¿Intereses y proyecto de vida en común deben darse en conjunto o alternativamente.?






Es oportuno puntualizar aquí que las razones y naturaleza del matrimonio (el verdadero) siempre fueron tan claras, que raramente encontramos definiciones de él en las legislaciones. (Estas pasan directamente a regular su atributos y alcances sin detenerse en definirlo). De allí el otro absurdo que se comete por los promotores del ”matrimonio homosexual” y es que se quiere aprovechar -infructuosamente- la ausencia de definiciones de matrimonio (ya que no se define lo obvio) para filtrar el imposible encaje igualitario de las uniones del mismo sexo.






Lo que es claro en el concepto de matrimonio (el verdadero) requiere alambiques, redundancias y contradicciones cuando se lo quiere trasladar al ”matrimonio homosexual”.






Veamos:






”Convivencia”: ¿Abarca dos o más amigos compartiendo gastos en un piso? ¿Amigas en una pensión estudiantil? ¿Ancianos en un Geriátrico? ¿Monjas en un convento?






”Comunidad de Vida” ¿Qué es exactamente? ?¿Militares en un cuartel?, ¿Camaradas de un partido político? ¿Cofrades de una secta religiosa? ¿Asociaciones vegetarianas?






”Intereses y proyecto de vida en común”: Aquí no se sabe bien si es ”y” o ”y/o” pero resulta palmaria la superfetación con ”comunidad de vida”, o sea una perfecta tautología. ”Intereses” comunes se dan en las sociedades comerciales pero ”proyectos de vida en común” se dan también en las asociaciones civiles (clubes de futbol, asociaciones de caridad, ec.).






Humm... me parece que por ese lado no vamos a encontrar nunca la nota de distintitiva del ”matrimonio homosexual”






Hay sí una paráfrasis que el contertulio aludido ha omitido (no sé si porque sus afanes por censurar mensajes no le dejaron tiempo o a propósito) y que he encontrado en otras ”definiciones” del ”matrimonio homosexual”. Es aquella que se refiere a que la convivencia debe ser ”cuasi marital”.






¡¡¡¡Eureka!!! diría Arquimedes...Me parece que los promotores del ”matrimonio homosexual” han abandonado esta nota definitoria (la convivencia cuasimarital, o sea, como marido y mujer) porque estarían reconociendo otra evidencia de que las ”uniones del mismo sexo” son una modesta e incompleta imitación del matrimonio verdadero, o sea, que no es lo mismo que éste.





























6.-






Sucede que la convivencia marital es...la convivencia marital (valga la perogrullada).






Es -(la convivencia varón-hembra)- un modo de vivir único e inimitable, surge de las propias naturalezas del hombre y la mujer, de sus psiquis, de sus realidades biológicas. El ”matrimonio homosexual” quiere imitar este tipo de convivencia (como la marca barata quiere parecerse al producto genuino, reconociendo sus bondades) pero no lo logra (ya veremos por qué, aunque algo adelanté, sobre las distintas intensidades, cualitativa y cuantitativamente, de los lazos afectivos).






Lo que une primariamente al hombre y la mujer es la atracción genito-sexual, y se genera a partir de allí un lazo afectivo (quieren seguir estando juntos, más allá del instante de la cópula). Pero ambos enseguida advierten que su unión y su afectividad se harán infinitamente más plenas si le agregan un hijo en común, para quererlo, educarlo y trascenderse en sucesivas generaciones. (no estoy haciendo un sermón católico con esto) El ”proyecto de vida en común” es, simplemente, eso y suficiente, la procreación y crianza de los niños en común. Pero la convivencia entre varón y hembra agrega otras notas enriquecedoras, derivadas también de la conjunción heterosexual. Por ejemplo, la división del trabajo, para la provisión del hogar. El hombre de las cavernas salía a cazar y su mujer recogía leña, preparaba el fuego y cuidaba de la prole. Así fue en los origenes. Los promotores del ”matrimonio homosexuales”, ideologicamente partidarios de la ambiguedad de género, de la inexistencia de diferencias entre varón y mujer, negarán o subestimarán la importancia de la división del trabajo en el matrimonio contemporáneo. Pero, pese a todo, con las modificaciones de la realidad de la sociedad moderna, con la mujer trabajando fuera de casa y un feminismo ideológico que quiere crear absurdos privilegios ”compensatorios” para la mujer, la división del trabajo en la convivencia marital -fundada en la polaridad sexual- sigue plenamente vigente. (Dejo para otro momento, o para una ampliación posterior, la enumeración de los ejemplos, porque el que quiera entender, los conocerá)






La convivencia marital (que quiere decir, reitero, la convivencia como marido y mujer) asegura un goce tan pleno en la mayor parte de sus momentos que permite resguardar la estabilidad de la pareja en los momentos de adversidad (enfermedades o penurias económicas), estabilidad enderezada al bienestar de los hijos que son su resultado.






Y aquí entra a jugar otra nota de la convivencia marital (directamente despreciada por los promotores del ”matrimonio homosexual”) y que es la asunción de roles derivados de la complementariedad masculino-femenino.






Paso a explicarlo ...


















7.-






1) La familia (heterosexual, obviamente y entendida como el matrimonio más los hijos que fueron llegando) es el ámbito de socialización humana que primero recibe al niño, en virtud del nexo biológico causado por la procreación intersexual. El niño nace en la familia y es recibido por ésta desde los primeros instantes de su vida como un elemento socialmente virgen, más plástico de lo que jamás volverá a serlo, por lo que son necesarias normas, estructuraciones y contrapesos completos que le son anexos, como la moral cristiana (o de cualquier otra religión), el tabú del incesto, etc., para evitar desbordes derivados de la autoridad o ascendencia de sus padres en un ámbito tan privado y por el desvalimento de los niños, imposible de controlar por el Estado o la sociedad, como se prefiera.






2) La familia (matrimonio más hijos) es el factor más persistente en la vida del niño. Se abandonan amigos con facilidad, se cambia de maestros todos los años, pero los padres mantienen su estrecho contacto con el niño a lo largo de la primera parte de su vida, en virtud del nexo biológico.






3) La familia (reitero, que conforman el matrimonio y los hijos) es un grupo primario único, inimitable e irrepetible para el niño. Posee una espontaenidad y una libertad que provienen de la habituación mutua completa dentro de un pequeño círculo. Pero a su vez, el principio de legitimación paterna y el de autoridad que de él derivan, determina relaciones no solo igualitarias sino de autoridad, esenciales para la socialización del niño. Esto forma parte de la importancia de enriquecedora complementariedad de los aportes del hombre y la mujer como padres, ausente del ”matrimonio homosexual” y que sus promotores subestiman o desprecian. El matrimonio crea el principio de legitimidad, por el cual se da certeza al vínculo biológico débil entre padre (varón) e hijo. Ello, a su vez, determina la adjudicación del principio de autoridad al progenitor varón (oh, resabio machista), en contraposición al rol contenedor, dulcificador de la madre.






El matrimonio, por su composición heterosexual permite a los hijos vivenciar tres tipos de relaciones con las deberán enfrentarse en la adultez: la relación de autoridad (entre padre e hijos), las relaciones de afecto y cariño (entre madres e hijos) y la relación de igualdad (entre los hijos mismos). Obviamente, esta adjudicación de roles y vivencias no es mecánica ni lineal (ahórrense caricaturas los ideólogos del monosexualismo) pero está presente inequivocamente en todos los matrimonios.






4) La sociedad identifica a los miembros de la familia y el rol de hijo es la primera inserción del niño en aquélla y la primera etapa de su socialización. El principio de autoridad dell ”pater familias” en la familia le brinda a su vez, sus primeras experiencias con la inserción normativa de su vida adulta.






No hace falta extenderme mucho por ahora, sobre que todas estas notas están completamente ausentes del ”matrimonio homosexual”...






Pero sigamos...























8.-






En este punto es oportuno introducir otra nota distintiva causada por el componente heterosexual y reproductivo del matrimonio y que son las universales prohibiciones (en todas las legislaciones) del matrimonio entre padres e hijos o entre hermanos, aplicaciones legales en la norma positiva del tabú del incesto preexistente, también llamado principio de exogamia.La explicación más atendible de este tabú o principio es la que deriva de la adjudicación de roles en la familia, éstos a su vez, motivados por su origen en la polaridad heterosexual y el nexo biológico resultante. Las relaciones sexuales entre miembros de una misma familia son prohibidas o anatemizadas (como se prefiera) puesto que serían el germen para la creación de ”familias” dentro de la familia, destruyendo su unidad y armonía al crear nuevos vínculos paterno-filiales (el hijo del padre sería ”hermano” de la madre pero también ”hijo” de la misma, determinando la confusión de roles, autoridad-igualdad). Además, eventuales relaciones padre-hija o madre-hijo crearían una poligamia de hecho alterativa desplazando o minusvalorando al cónyuge. Relaciones o matrimonios entre hermanos, aún en su mayoría de edad, si bien menos anatemizados, son prohibidos, por un lado, para vedar de plano la posibilidad de relaciones sexuales entre ellos cuando aún son pequeños y conviven con sus padres, creando familias dentro de otra familia, alterando nuevamente los roles (el hermano, yuxtapuesto a su hermana y teniendo hijos con ella, convierte al hijo en padre, compitiendo con el ”pater familias”). El tabú del incesto es, primariamente, un reaseguro más de la armonía y estabilidad del matrimonio y la familia y del bienestar de los niños. Por añadidura y secundariamente, asegura la creación del clan (familia ampliada) por la captación de consortes de otras familias. También coadyuva a la existencia del poderoso tabú del incesto la creencia (errónea probablemente, pero firmemente arraigada) de la ”debilidad de sangre” que genera la reproducción endogámica, creencia ésta también con origen en la bipolaridad heterosexual y el nexo biológico consecuente.






Todo hace suponer que la novedosa introducción del principio de familias sin nexo biológico (como sería el ”matrimonio homosexual” y los niños ”adoptados” por éste) generarán una progresiva pero firme culturización contra el tabú del incesto.






Esto implica una nota claramente distintiva con el verdadero matrimonio.






Y aquí es oportuno introducir el tema de las ”familias sustitutas” creadas por el Instituto de la adopción de niños huérfanos, que no tienen nexo biológico con sus padres adoptivos, a fin de atajar infundadas objeciones a estos razonamientos.


















Veamos...





























9.-





La familia conformada por un matrimonio imposibilitado de tener hijos al que se permite emplazar como biológicos hijos ajenos (instituto de la adopción) no altera (por el contrario, reafirma), el principio de heterosexualidad de sus componentes y el nexo biológico de la descendencia. ¿Porque es así?. Justamente, porque el Instituto de la adopción se estructuró desde siempre alrededor del principio ”adoptio enim naturae emitatur” (la adopción imita la naturaleza). Veremos si algún jurista partidario del ”matrimonio homosexual” se atreve a negar la existencia inmemorial y pacífica de este principio. Y tenemos otro disparate más, ya que se pretende que la unión de personas del mismo sexo es igual a la unión heterosexual pero al mismo tiempo se quiere introducir una adopción que manifiestamente no imita la naturaleza y controvierte el pacífico principio vigente, lo que realza la diferencia entre ambas uniones. ¿Y que significa el principio aludido?. Pues que, pensando en el bien supremo del niño, se lo emplaza en el seno de una familia lo más parecida a la que perdió y nunca tuvo, de modo que pueda sentirse realmente como hijo biológico de sus padres adoptivos, e incluso nunca saberlo o saberlo edades convenientes. La adopción de niños por ”matrimonios homosexuales” elimina de plano cualquier posibilidad de que el niño se sienta realmente como hijo de sus ”padres” o que no sepa que es adoptado. Ello denota nuevamente, otra diferencia con el matrimonio verdadero. La adopción no es el único remedio que crea la legislación para paliar la situación de la niñez desamparada. Para ello reconoce y da ciertos efectos legales a las simples situaciones de hecho en que por humana caridad alguien encuentra un niño abandonado y lo cuida. Además crea o autoriza instituciones adecuadas a ese efecto como los hospicios de huérfanos. Tal cuidado no supone per se el trato de ”padre-hijo” entre acogedor y el menor, ya que ese trato es propio de la relación biológica natural. La adopción, precisamente, implica un emplazamiento en el estado de familia de padre y de hijo. Es creación legal, pensando en lo óptimo para el niño huérfano, por el cual se imagina que una familia sustituta podrá tomar el lugar de la que el menor perdió o nunca tuvo. Implica la ruptura de todos los vínculos del niño con sus progenitores de sangre, es irrevocable y establece un nuevo vinculo paterno-filial. Tal vínculo paterno-filial es obviamente una simulación legal paliativa (buena parte de la doctrina jurídica y psicológica considera conveniente no comunicar en lo posible al niño que es adoptado). Para lograrlo, desde siempre la legislación restringió la posibilidad de ser sujeto adoptante a matrimonios legítimos, sin hijos, excluyendo a individuos solteros o uniones de hecho, por más que estos hubieran acogido al niño. Nunca se habló de ”discriminación” entonces.






Convenido que la adopción es un emplazamiento en el estado familiar de hijo, ello presupone una institución familiar valorada como la unidad reproductiva eficiente. No es la menor incongruencia del ideologismo que acompaña la promoción del ”matrimonio homosexual” que quienes subestiman o directamente menosprecian la familia (Hace unos años, no muchos, proclamaban con orgullo el ”sexo no reproductivo” y se burlaban de la Institución Matrimonial) quieran injertarse ahora en una figura legal imitativa de la relación paterno-filial, como es la adopción.


















10.-





Llegados a este punto, conviene realizar una acotación lateral sobre el tema de la adopción, pero que tiende a refutar un argumento efectista pero falaz de los promotores del ”matrimonio homosexual”.






Ese argumento es el que se refiere que habiendo más aspirantes a padres adoptivos, en virtud de habilitarse a ese fin parejas del mismo sexo, posibilitará que un número mayor de niños salgan de la orfandad y consigan un hogar adecuado.






Totalmente incierto, veamos por qué:






Hay una categoría de niños (enfermos, malformados, deficientes mentales, portadores de SIDA, inanicientes del tercer mundo) que son inadoptables y ello porque el Instituto de la adopción no es la solución humanitaria para atender el problema de TODA la niñez desamparada. Para ese tipo de niños, lamentablemente, deben ampliarse y mejorarse los hospicios de huérfanos, las acciones de las ONG y la caridad internacional. La adopción, como vimos, como solución óptima y restringida, es el emplazamiento de un infante huérfano como si fuera hijo de sus padres adoptivos. Estos -heterosexuales y homosexuales por igual- obviamente no quieren ni querrían que su hijo adoptivo tenga las enfermedades y carencias que no desearían que tuviera su hijo biológico, de poner tenerlo. (Pero aún, así, no existe faltante de aspirantes a padres adoptivos sino que lo que escasea son niños adoptables, lo que da lugar a la adopción internacional y el tráfico ilegal de niños y que demuestra la falta de necesidad social de la adopción homosexual).






La misma actitud tendrán los homosexuales dispuestos a adoptar. Irán, al igual que los hetero, a buscar niños lindos y sanitos en primer lugar y a incrementar -por aumento de la demanda- el tráfico ilegal de niños (creación de los hetero, por cierto) que se mueve alrededor de la adopción internacional.






La cantidad de niños inadoptables que serán adoptados por parejas homosexuales es igual a cero, es una certeza absoluta y lo demás, pura demagogia impresionista y ello no porque los homosexuales sean malas personas, sino simplemente porque son personas y tendrán respecto a esto la misma actitud que los heterosexuales.



















11.-






Y ahora continuemos con las diferencias entre las parejas de distinto y de igual sexo.






Ya he dicho que es tanta la importancia que las distintas sociedades. a lo largo de toda la historia, le han dado al matrimonio, que éste generalmente aparece revestido como formando parte del dogma y liturgia de las religiones.






Veamos éste párrafo:






”¿No han leído que al principio el Creador los hizo varón y hembra y les dijo: por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne? Así, pues, ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto lo que Dios unió no lo separe el hombre (Mt 19,4-6).”






Este texto evangélico tiene 2000 años y es el mandamiento católico del matrimonio indisoluble. Otros pueblos más antiguos también lo llevaron a la práctica en forma todavía más extremista, como los hindúes, quiénes prohibieron que la viuda vuelva a casarse e incluso aprobaban su inmolación para acompañar al difunto.






Son mandatos divinos, de Dioses, a los que no cabe suponer ni heterosexuales ni homosexuales, solo Dioses.






Pero por diversas razones solo heterosexuales los ponían en práctica. Lo que hoy llamamos ”matrimonio homosexual”, ocuparía una minúscula fracción de la longitud de la historia. La indisolubidad del matrimonio funcionaba para asegurar aún más la estabilidad del vínculo acorde con su finalidad reproductiva y la socialización de los niños.






No tengo estadísticas a mano, pero aún hoy, luego de las leyes de divorcio, supongo que más de la mitad de los matrimonios se celebran con el ritual católico y la promesa de separarse ”solo con la muerte”. (En los hechos es solo pompa ficticia, aunque delata el prestigio social que aún tiene el matrimonio católico, pero así y todo creo que una respetable porción de católicos practicantes y de otras religiones, obviamente heterosexuales, están realmente decididos a dar a su matrimonio el carácter de indisoluble)






Conviene entonces proponer un juego literario de coherencia, ya que no he escuchado, leído, ni conozco ningún homosexual partidario de dar a su eventual ”matrimonio” con su compañero del mismo sexo, el carácter de indisoluble (no descarto que puede haberlos pero presumo con fundamento que son absolutamente minoritarios en proporción a los heterosexuales que sí estarían de acuerdo con esa indisolubilidad). La ideologizada tentativa que hoy lleva a proponer la ”adopción” de niños por parejas del mismo sexo, tiene por premisa que las parejas homosexuales ”son iguales” a las uniones heterosexuales.






Pongamos a funcionar la máquina del tiempo e imaginemos un movimiento gay poderoso como el actual, pero en 1978, antes del Divorcio vincular en España. ¿Exigirían el ”matrimonio” con la misma vehemencia que ahora? ...

















12.-






Tal vez sí, exigirían igualmente el ”matrimonio”, porque el ideologismo que mueve la promoción del ”matrimonio homosexual”, solo pretende una ”igualación” forzada a cualquier precio, como estandarte de demolición de supuestos baluartes de la ”homofobia” y de la ”discriminación”, pero tengo razones para imaginar que la cantidad de tales ”matrimonios homosexuales” ”indisolubles” sería aún más escasa que la ya escasa proporción de ”matrimonios” GLT que se dan, por ejemplo, en Holanda. ¿Razones?. Principalmente, pero no la única razón, por una actitud ideológica afín al seudo progresismo (con participación de heterosexuales, obviamente), principal promotor del ”matrimonio homosexual”, como eficaz arma para combatir a la Iglesia (Católica en el caso de España) y al matrimonio verdadero, que se identifica equivocadamente como hechura religiosa. Como parte fenómenos de mayor alcance, en estos momentos está de moda injuriar y difamar a la Iglesia católica (hay toda una batería de lugares comunes, infundios y tergiversaciones a tal fin, que son tópicos en películas de Hollywood, best sellers, chimentos de revista, etc. y mencionarlos aquí excedería los fines de este trabajo). Aclaro que quien esto escribe no es católico militante, fue izquierdista como pecado de juventud y es actualmente escéptico en temas religiosos, pero la tendenciosa campaña ideológica actual contra la Iglesia Católica, no escapa a la percepción de cualquier mortal, incluído yo mismo.

















13.-






Concluyendo con el análisis de las evidentes diferencias entre las parejas de igual o distinto sexo, -hay otras, pero las veremos más adelante- prestemos atención a lo que decía un pensador de la Grecia antigua, sociedad de homosexualidad ampliamente tolerada y difundida












”Entonces Zeus, movido a compasión, imagina otro expediente: pone delante los órganos de la generación, porque antes estaban detrás y se concebía y se derramaba el semen, no el uno en el otro sino en tierra, como las cigarras .... y de esta otra manera la concepción se hace mediante la unión del varón y la hembra. Entonces, si se verificaba la unión del hombre y la mujer, el fruto de la misma eran los hijos; y si el varón se unía al varón, la saciedad de los sentidos los separaba bien pronto y los restituía a sus trabajos y demás cuidados de la vida. De aquí procede el amor que nos tenemos naturalmente los unos a los otros; él nos recuerda nuestra naturaleza primitiva y hace esfuerzos para reunir las dos mitades y restablecer nuestra antigua perfección”






(Eriximaco).


















El médico y filósofo Griego Eriximaco, inmerso en una sociedad que se suele citar como ejemplo de homosexualismo generalizado, ratifica plenamente el matrimonio heterosexual como la unidad reproductiva eficiente de la sociedad y que las uniones homosexuales, además de agotarse en la ”saciedad de los sentidos” no garantizan una unión duradera para cumplir las funciones de esa unidad reproductiva eficiente. ¡¡ Un verdadero ”homófobo” avant la lettre !!...






14.-






El matrimonio es -reitero- la unión de un hombre y una mujer. Esta característica no implica ”discriminación” alguna contra los homosexuales. Los homosexuales pueden casarse si lo desean (obviamente, con una persona de su sexo opuesto) y a su vez dos personas heterosexuales, pero del mismo sexo, tampoco pueden casarse. Por su lado, la adopción de menores siempre estuvo regida por el principio de ”imitación de la naturaleza” por el cual se la restringió -en cuanto a adoptantes- a matrimonios legítimos, sin hijos, excluyendo a personas solteras o uniones de hecho y nunca se habló de ”discriminación” por eso.






Ahora vemos que otro de los disparates que trae el ”matrimonio homosexual” es que abre las puertas para que dos heterosexuales del mismo sexo puedan casarse entre sí, probablemente para aprovechar fraudulentamente el importante marco regulatorio que brinda el matrimonio (desplazamiento de herencias, adoptar algún niño de fortuna, lograr beneficios impositivos, etc.).


















Veamos ahora cual es la real necesidad social que impulsaría el ”matrimonio homosexual”.





En relación a España, noticias de una prensa muy complaciente con el activismo GLT cifran el número de personas que se verían beneficiadas por la reforma en cuatro millones; otras fuentes hablan de más de cien mil parejas. Ninguna de estas dos cifras, entre si muy alejadas, tiene fundamento real. Si acudimos a los datos disponibles en otras partes del mundo, dotados de fiabilidad, resulta que el número de uniones homosexuales es muy poco significativo, incluso en aquéllos países que han legalizado este tipo de uniones. Así, en Dinamarca, en 10 años de vigencia de la ley que las regula, se habían registrado apenas 3.200 parejas homosexuales para cinco millones de habitantes; en Estados Unidos, las parejas homosexuales constituían aproximadamente el 0’2 % del número de matrimonios (157.000 parejas homosexuales frente a aproximadamente 64,7 millones de matrimonios y 3,1 millones de parejas heterosexuales no casadas). La situación, en España, es muy parecida: de acuerdo con los datos del último censo realizado por el INE (2001), las parejas homosexuales constituyen aproximadamente el 0,11% del número total de parejas existente en España: en concreto, en España hay censadas 10.474 parejas del mismo sexo, a saber: 3.619 de sexo femenino y 6.855 de sexo masculino. Puede que haya habido un cierto ocultamiento, pero lo que es claro es que de aquí a las cien mil parejas, o a los cuatro millones de homosexuales, la distancia es insuperable. La cifra es, sin más, ridícula, si se compara con los casi nueve millones de matrimonios. Esto permite ya extraer una primera conclusión: la regulación jurídica de estas parejas no puede calificarse como una verdadera necesidad social.











Y veremos que lo que se menciona como restricciones objetivas que sufrirían las parejas GLT por no poder ”casarse” (herencia, niños en custodia del otro integrante de la pareja, visitas hospitalarias, etc. etc.) puede remediarse con una sencilla ley de parejas de hecho. Puede darse, si los activistas GLT, así lo desean, un nombre específico a las uniones de personas del mismo sexo, si se las quiere revestir de más solemnidad y prestigio social, pero lo no puede hacerse es una equiparación absoluta con el matrimonio, puesto que, simplemente, son dos cosas distintas.












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Demostrado ya que el ”matrimonio homosexual” no es una solución ”antidiscriminatoria”, se evidencia entonces que lo que en realidad se propone es una modificación radical de la Institución Matrimonial.






Si se considera matrimonio a la unión de dos personas que manifiestamente no podrán tener hijos entre sí resulta entonces de suyo que el Matrimonio pierde su característica de ser la unidad reproductiva eficiente de la sociedad y se convierte en otra cosa: en la mera y trivial regulación de uniones afectivas, convivencias, proyectos de vida en común, etc. (será obviamente muy gelatinoso acertar con una definición de este novedoso engendro)






Y entonces, la regulación de LA PATERNIDAD QUEDARÁ FUERA DEL MATRIMONIO.






Ya no se concebirá a los hijos como producto eexclusivodel amor de una padre y una madre que prometen unirse en Matrimonio, con vocación de permanencia para, entre otras cosas, cuidar de la mejor manera posible a sus descendientes. Dará lo mismo ahora -según esa teolología legal- que los niños vengan de personas solteras, bancos de esperma, vientres de alquiler, etc., que puedan ser abandonados, permutados, cooptados por el Estado, adoptados por personas que a la simple percepción del niño nunca podrían ser sus padres biológicos, etc.






El proceso de abandono de la protección de la infancia ya ha comenzado en realidad. Nada es casualidad en esta ofensiva del ”matrimonio homosexual”. Existe una paralelo fenómeno de promoción de la ”uniparentalidad deliberadamente provocada”, por el cual, las madres solteras -o hijos sin padre- ya no son el producto de errores culposos por amores contrariados. Simplemente una mujer podría suministrarse espermatozoides y tener un hijo con toda naturalidad. Un varón podría publicar aviso clasificado en un Diario peticionando ”Deseo alquiler vientre de mujer sana, alta de tez blanca. Pago bien, al contado.” Cuál será la suerte de esos niños así concebidos, no parece preocuparle demasiado al Estado, ahora relajado de sus deberes primarios, cual es asegurar la mejor plataforma para la crianza y socialización de los niños.






No por casualidad tampoco, los promotores del ”matrimonio homosexual” coinciden ideologicamente con los apologetas de los ”nuevos modelos familiares” (Eufemismo para designar justamente la ausencia de familia).






El ”matrimonio homosexual” no es una necesidad social sino es una bandera reivindicativa de adultos ideologizados, al punto de hacer pasar por atrás los intereses de la niñez, el eslabón más débil de la cadena social, los que no votan, no intervienen en debates de paneles televisos y no serán consultados si prefieren tener una padre y una madre o ”padres” del mismo sexo.













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El matrimonio ”ampliado” para incluir a uniones de personas que fisiológicamente son estériles entre sí es ”otro matrimonio”. Su finalidad ya no es regular la procreación y socialización de los niños, sino regular ”convivencias”. La regulación de convivencias entre personas adultas es por cierto una tarea menor en la responsabilidad del Estado. El matrimonio nunca tuvo esa finalidad.






En cambio, regular el ámbito para la procreación de niños, es de una importancia infinitamente mayor. Abstraído el dato constituyente de la fertilidad de la conjunción hombre y mujer, el nuevo matrimonio deja afuera todo lo concerniente a la paternidad y filiación. Hasta ahora, la norma, obviamente, son los niños nacidos dentro del matrimonio, como objetivo deseable y supremo. Con el ”matrimonio homosexual” la paternidad y filiación pasarían a tener una ontología ”no matrimonial”. Por más que por mucho tiempo, los niños nacidos dentro de matrimonios todavía seguirían siendo cuantitativamente superiores, la filiación matrimonial pasará a ser un dato accidental, meramente adjetivo. La devaluación de la Institución Matrimonial, más la apologética de los ”nuevos modelos familiares” promovida por mismos sectores ideológicos que impulsan el ”matrimonio homosexual” continuarán la tarea ya iniciada de desproteger a la Infancia, a través de varias vías: niños directamente sin padres, niños sin padre o sin madre, niños con padres divorciados en cantidad creciente más niños con padres no casados en cantidad creciente.






La negatividad primaria del llamado ”matrimonio homosexual” está radicada por consiguiente en el daño que provoca en la protección de la infancia. La devaluación del matrimonio -su debilitación, en otras palabras- es de manera mediata una forma de atentar contra el bienestar de las nuevas generaciones. Además, el ”matrimonio homosexual” conspira de manera directa contra el bienestar de los niños que sean ”adoptados” por las parejas del mismo sexo. Aquí conviene detenerse para efectuar un exhaustiva fundamentación de esa afirmación, para evitar gratuitas imputaciones de ”homofobia”. Por empezar, a pesar de la demagogia y falsa sensiblería que acompaña la promoción de la adopción por parejas homosexuales, su único resultado práctico inmediato será privar a determinada cantidad de niños de la posibilidad de ser adoptados por matrimonios (heterosexuales). Ya sabemos que en la actualidad no hay carencias de aspirantes a padres adoptivos (heterosexuales). Todo hace indicar esa situación continuará así por mucho tiempo. También he explicado que los ”niños inadoptables” seguirán siendo inadoptables, por más que se sumen parejas homosexuales como aspirantes a adoptar. No hay, por tal motivo, siquiera una necesidad temporal o transitoria que por lo menos aconseje la ”adopción homosexual” como una forma de dar a algunos niños un hogar, no el óptimo, pero al menos, que sirva para sacarlos de un hospicio o de situaciones indigencia afectiva, que son peores. Nada eso, unicamente sumará aspirantes a padres adoptivos que competirán con los actuales aspirantes heterosexuales, y en consecuencia, algunos niños que pudieran haber sido adoptados conforme al principio de imitación de la naturaleza (pacificamente vigente hasta ahora) lo serán, en cambio, por parejas que manifiestamente nunca podrían haber sido sus padres biológicos, ni sirven para hacerles sentir que ahora los tienen.























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Me olvidaba de algo: Los promotores del ”matrimonio homosexual” suelen decir en defensa de su postura que la introducción de esa modalidad no tiene porqué dar motivos de queja ya que el matrimonio ”heterosexual” continuaría como hasta ahora, con el único agregado de las parejas del mismo sexo. Ya vimos que no es así: La admisión, en el concepto de matrimonio, de uniones que constitutivamente son estériles, implica que la Institución pasa a ser una cosa completamente diferente y devalúa notoriamente las finalidades y objetivos del matrimonio.






Pero volvamos al tema de la adopción:






Había comenzado a explicar que, si en la actualidad tenemos a José y María queriendo adoptar a Juan, con la introducción de la adopción por parejas homosexuales, su único resultado práctico inmediato será que Pedro y Pedro (adviertan que con el ”matrimonio homosexual” ambos cónyuges pueden llegar a tener el mismo nombre) se sumen a competir por la adopción de Juan.






Aquí presumo que entrará a jugar una discriminación inversa: Bajo la amenaza de ser imputados de homófobos, de ver truncada su carrera e incluso de ser sometidos a proceso, jueces, directores de hospicios, asistentes sociales, etc. darán consiente o inconcientemente prioridad a la pareja homosexual en la adjudicación de la adopción.






Logicamente, si Juan pudiera opinar, preferiría que le den por padres a José y María y no a Pedro y Pedro. ¿Y ello porqué? ¿Es que acaso Juan (al que imaginemos de 6 años) sería homófobo?. No, por supuesto, es que simplemente quisiera tener padres que le sumen el enriquecedor aporte de la complementariedad de lo masculino y femenimo. Su mentecilla funcionaría igual como la de todos los matrimonios en la actualidad: Una vez que tiene un hijo varón o una hija niña, prefieren que el siguiente sea del sexo inverso, porque así se enriquece su familia, sus vivencias.


















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Ya vimos que Juan, nuestro niño imaginario, candidato a ser adoptado, preferiría que le dieran por padres a un hombre y una mujer y no dos hombres o dos mujeres. No por ”homófobo” sino porque -intuitivamente- prefiere enriquecerse vivencialmente, ya que sabe -desde sus primeras percepciones sensoriales- que los hombres y mujeres son distintos en muchos aspectos y en particular, en su comportamiento y forma de ser. Desde luego, los ideológos afines al ”matrimonio homosexual” subestimarán y despreciarán el dato del enriquecimiento por el aporte de la complementariedad masculino-femenino, pues para ellos las diferencias de sexo no existen, o son ambiguas, descartables o son intercambiables.






Lamentablemente, los niños, principales perjudicados por el ”matrimonio homosexual” no votan, no participan de encuestas, ni de foros ni de paneles televisos, ni se los consultará en estos casos. Son, realmente, el eslabón más débil de la cadena social y es paradojal ver como los partidos políticos seudo ”progre”, hipotéticos adalides de los más desvalidos, llevan su estrechez ideológica a tal extremo de olvidarse de los intereses de la infancia.






Dijimos que Juan, el niño imaginario tiene unos 6 años, es decir, ya es capaz de razonar y expresar algunos preferencias, como en este caso. Logicamente al tener 6 años no se le planteará el problema de saber si es hijo biológico o adoptado, respecto a las personas que vienen a adoptarlo. Sabrá que es adoptado y punto.






Pero que pasa con Jorge? , un bebé de 6 meses. Está en una edad comprendida en la que generalmente se prefiere por los padres adoptivos (menos de 2 años), para aprovechar algo del principio de plasticidad de la filiación biológica, que ya vimos. A tan pequeña edad no podrá obviamente expresar preferencia alguna. Pero si se lo dan en adopción a la pareja homosexual se le hará otro tipo de daño y es que nunca va poder tener la ilusión de creer que sus padres adoptivos puedan ser sus padres biológicos. Es sabido que a la larga, el niño o joven adoptado termina interrogándose por su origen biológico y se entera que es adoptado. Pero también buena parte de la doctrina Psicológica opina que eso no tiene porque saberlo -ni necesita saberlo- a edades muy tempranas, sobre todo para no sentirse diferente frente a sus compañeritos y amigos, en una etapa muy delicada de su formación y maduración.






Pero bien, adoptado por un ”matrimonio homosexual” no hay ilusión que valga. Jorgito, nuestro bebé de 6 meses, desde su más temprana percepción sabrá que es imposible que Pedro y Pedro, los dos varones que lo adoptaron, sean sus padres biológicos.






Lo expuesto explica una diferenciación absoluta entre el Instituto de la adopción tal como lo conocemos hasta ahora (el que se rige por la imitación de la naturaleza) y la novísima ”adopción por homosexuales” que, obviamente, no imita la naturaleza y que, como otro de sus resultados prácticos inmediatos, elimina de plano la posibilidad de que los niños adoptados no sepan que lo son o que recién lo sepan a edades convenientes.


















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En este punto conviene atajar dos caricaturas que acostumbran realizar los promotores del ”matrimonio homosexual” para ridiculizar las posiciones de quienes estamos en contra.











La primera es que ni yo, ni nadie, cree que los niños criados por dos homosexuales se transformen en ”monstruos”, le crezcan rabos o les aparezcan tres ojos, o... graves alteraciones de un día para otro. Un niño conviviendo con homosexuales será ”normal” entendiéndose por eso lo que puede observarse a la simple vista de un observador que visitara su casa, por ejemplo. Habrá problemas, sin dudas, pero no serán perceptibles a simple vista, no pasan por un rabo o un ojo extra.






Pero otra caricatura que realizan los promotores del ”matrimonio homosexual” es más sutil.






Dicen que los niños adoptados por homosexuales no se transformarán en homosexuales, en supuesta contestación a quienes nos oponemos. Presentan la posición contraria como si la única (o principal) objeción fuera esa. Aluden a que la homosexualidad ”no es contagiosa”, simpleza para saldar la discusión sobre el tema y presentar como zafios a los que pretendan oponerse y que, como yo tienen fundamentos bastante más serios que el que se utiliza para la ridiculización.






Veamos:






Sin perjuicio de que la larga convivencia de un niño con sus ”padres adoptivos” homosexuales incrementerá la posibilidad de prácticas homosexuales por éste en la adolescencia (ya hay Estudios que así lo atestiguan e incluso hay investigadores del sesgo GLT in extremis que afirman que eso no tendría nada de malo, y agregan que así reputarlo significaría admitir que ser homosexual no es bueno) la gran mayoría de los niños criados en esas condiciones seguirá siendo heterosexual, como siempre lo ha sido la absoluta mayoría del género humano.






Por el contrario, la enorme conflictividad que se avecina para los niños criados por convivientes homosexuales es la siguiente, presten atención:


















Así como el adolescente homosexual se conflictúa en el seno de su familia de padres heterosexuales, por temor a defraudarlos, el adolescente heterosexual se conflictuará por el temor de desilusionar a sus ”padres” homosexuales...


















Analicemos este fenónemo previsible a todas luces y que se omite alevosamente en todas las hagiografías del ”matrimonio homosexual”...


















20.-






Ya me referiré a los ”estudios” que se suelen mencionar con pretensión de demostrar que los niños no se verán afectados negativamente. Pero antes, es preciso mencionar otro tipo de datos y que universalmente se omiten por los promotores del ”Matrimonio Homosexual”.






Me refiero a aquellos que indican la alta inestabilidad de las parejas del mismo sexo:






Cifras de España, la primera encuesta nacional sobre hábitos sexuales del colectivo gay, publicada en 2002, y patrocinada por la Federación Estatal de Lesbianas y Gays, señala, entre sus conclusiones más relevantes, que un varón homosexual tiene relaciones con 39 personas distintas, como media, a lo largo de su vida; que el 58 % de las parejas de gays españoles lleva más de un años de relación, pero que solo el 27 % lleva más de cinco años, y que únicamente el 20 % vive en pareja. Otros estudios realizados en Holanda afirman que la relación media de una relación estable homosexual es de un año y medio; por último, estudios realizados en Suecia y Noruega muestran que el riesgo de ruptura es significativamente mayor en parejas homosexuales registradas (cuyos efectos son los mismos que el matrimonio) que en matrimonios: la probabilidad de ruptura en parejas de gays es un 35% más alta que la de los matrimonios, y en las de lesbianas es el triple. Por otra parte, tanto el matrimonio homosexual, como las uniones homosexuales registradas con efectos idénticos al matrimonio, tienen escaso éxito entre la población homosexual: así, en Suecia entre 1993 y 2001 hubo 190.000 matrimonios por 1.293 parejas homosexuales registradas (el 0’67%); y en Noruega 280.000 matrimonios por 1.526 parejas homosexuales registradas (el 0’54%). Los números son más significativos todavía si se tiene en consideración que la incidencia de las uniones de hecho en ambos países es muy grande, lo que haría disminuir todavía más, en términos relativos (de porcentaje) el número de uniones homosexuales. (Datos estadísticos tomados de Carlos Martinez de Aguirre Aldaz, ”Matrimonio homosexual, ¿Porqué no?”)


















La sola constatación de que las uniones homosexuales tienen un alto grado de inestabilidad resulta un argumento negatorio incontrastable (aún antes de entrar en otros ”estudios”) puesto que implica para el niño la desaparición del ámbito de seguridad y amparo parental que supuestamente quiérele darse. Ya conocemos (los expertos son pacíficos en sus conclusiones) los efectos dañiños del divorcio en los hijos (o sea, las parejas heterosexuales inestables). Si esto es así, no cuesta imaginar el resultado trasladado a una situación de inestabilidad aún mayor













21.-






Los Estudios (con pretensión de seriedad y no mera propaganda) referidos a la repercusión de la ”adopción homosexual” en los niños, deberían comenzar (como ya vimos) por examinar que tan estables son las parejas del mismo sexo, sobre lo cual hay muchas dudas según las cifras que vimos en el mensaje anterior.






Pero ninguno de los ”Estudios” que conocemos hasta ahora, lo han hecho.












El divorcio (o sea, la inestabilidad de las parejas heterosexuales) afecta a los niños, tanto por la separación en sí, como por la violencia y enfrentamientos entre los padres, que lo preceden. Si esto es así (y hay infinidad de Estudios, unánimes en sus conclusiones que así lo demuestran) ¿porque se quiere ocultar la alta inestabilidad de las uniones del mismo sexo y los casos de maltrato doméstico en el seno de esas uniones, que suelen acompañar esa inestabilidad?












Parecería que ”estudiar” un niño durante solo un año, criado por una pareja homosexual, para concluir al cabo de ese solo año, que sigue siendo ”normal” sería suficiente para fundamentar urbi et orbi -sin suspiro en contra- la ”adopción homosexual”, sin importar si al cabo de un año y un mes esa pareja está separada y el niño sujeto a todas las dificultades de la separación de sus ”padres” del mismo sexo.












Veamos otras objeciones a los llamados ”estudios” que se quieren presentar como bendición a la ”adopción homosexual”:






En una investigación titulada ”No basis: what the studies don t tell us about same sex parenting”, los Sociólogos de la Universidad de Chicago, Robert Lerner y Althea Nagai, expertos en el campo del análisis cuantitativo, han evaluado 49 estudios sobre paternidad homosexual.












22.-





Esos estudios han sido usados con frecuencia para ”probar” que un niño no queda afectado negativamente cuando es criado por dos homosexuales.






En resumidas cuentas, el artículo expresa que ”los estudios sobre los que se basan estas conclusiones son todos gravemente deficientes”.






Básicamente el análisis evidencia cómo los 49 estudios tienen por autores a investigadores que ya tenían posición tomada a favor de la paternidad unisexual y que todos tienen al menos, una deficiencia fatal.






Entre las deficiencias se cuentan: hipótesis poco claras o mal planteadas, comparación inadecuada de grupos, unidades de medida inválidas, casos que no han sido escogidos al azar, o ejemplos demasiado pequeños como para conducir a resultados significativos, así como falta de análisis o análisis inadecuados.


















Por ejemplo, 21 de los estudios no tienen un grupo de referencia heterosexual, sino que solo examinan a los grupos homosexuales. Otros realizan la comparación con hogares heterosexuales pero uniparentales o con padres separados. Otros comparan parejas homosexuales de alto nivel cultural y bienestar económico con uniones de heterosexuales en situación mucho más desventajosa.






Una tergiversación que invalida 47 estudios se refiere a la forma negativa en que se plantea la ”variable dependiente” del estudio. Por ejemplo la pregunta ”¿Tienen los niños criados en familias homosexuales significativas diferencias con los niños de hogares heterosexuales?”, no sirve, pues si en 20 pares de grupos estudiados resulta que en 3 grupos gay los niños son expulsados del colegio y ello mismo resulta en 2 grupos heterosexuales la diferencia no será ”significativa”.






Pero, para tener rigor cientifico, la ”variable dependiente” debió ser expuesta en afirmativo, es decir: ¿Tienen los niños criados en casas homosexuales problemas de conducta que los conducen a ser expulsados del colegio?. Así planteada la hipotesis, la diferencia de 3 contra 2 deja de ser irrelevante y contesta por sí la pregunta.






(Al margen debo decir, fuera de toda ”ciencia” que un director de establecimiento que se atreviera a expulsar por mala conducta a un alumno proveniente de ”familia” homosexual, muy probablemente terminaría siendo él y no el alumno el expulsado).






SOBRE EL ESTUDIO DE LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA, que se cita mucho en España un artículo de Ana Martín Cancel (cuya autora prohibió su cita parcial, pero que está disponible en internet) desmonta la pretendida validez del mismo (básicamente adolece los mismos errores: pocos casos, muestreo de parejas homosexuales por ”voluntarios”, parejas homosexuales de alto nivel cultural y económico, estudio de muy breve lapso en la vida del niño, sin llegar a la adolescencia, que es cuando los efectos se consolidan, etc.)


















Ahora bien, cabe aquí la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que falta para haya estudios serios sobre el tema?


















23.-






























En primer lugar, que investigadores llamémosle ”proheterosexuales” (y mejor dicho, pro-familia) quieran y estén estimulados para hacerlos. Los que como el suscripto tienen una concepto de defensa de la familia (entendida como la unidad reproductiva eficiente de la sociedad y no en sentido religioso o de moralina) sabemos que el tema está resuelto antes de que haya necesidad de realizar ningún estudio. Así como no hacían falta ”estudios” para saber que las adopciones por personas solteras o no unidas en matrimonio no eran lo mejor para los niños y por ello no se las permitía, del mismo modo es o debería ser obvio que las adopciones homosexuales tampoco son lo mejor para los niños.






En segundo lugar, defender a esos profesionales (psicólogos, psiquiatras, médicos, sociólogos, antropólogos, abogados, etc.) de la presión del lobby gay (conformado obviamente también por heterosexuales ideologizados contra la familia) en sus respectivas asociaciones, ya que cualquiera que se atreva a cuestionar el ideologismo monosexual será acusado de ”homófobo”, fascista, fantoche de la iglesia o sectores oscuros, escarnecido, puesta en peligro su carrera y amenazado de expulsión.






En tercer lugar, se necesita mucho tiempo e ingentes medios ecónomicos. Las investigaciones deben durar por lo menos 15 años (para incluir gran parte de la vida del niño hasta el período de la post adolescencia y efectuar el seguimiento, entrevistas y evaluación en vivo de un gran número de personas).






Si la investigación está a cargo de sectores que sí tendrían medios ecónomicos, como la Iglesia, resultaría en ese caso que ningún grupo homosexual (altamente ideologizado) estaría dispuesto a colaborar, haciendo imposible o poco fiable el resultado.






La solución sería que las investigaciones estuvieran a cargo del Estado, con representación paritaria de ambas posturas y totalmente descontaminado de ideologías, con el interés de los niños como único fin.






Soy altamente escéptico respecto a que esas condiciones para estudios serios puedan darse algún día y por lo tanto, me confirmo en mi impresión que la resolución negativa de las adopciones homosexuales no pasa por ningún ”estudio” hoy por hoy poco serios y altamente sospechosos.






Como no hay mal que por bien no venga, quizás la vigencia de adopciones homosexuales plenas, como en Holanda, sirva como triste probeta de ensayo para sacar inmejorables conclusiones sobre la suerte de esos niños. Habrá que prestar atención a lo que allí suceda en un plazo de 10 a 20 años.












Y aunque no sirven por sí solos para sacar conclusiones definitivas, sí disponemos de algunos estudios que evidencian repercusiones negativas, según veremos.






24.-






Un estudio publicado en 2001 en la revista ”American Sociological Review” por los Sociologos e investigadores prohomosexuales Judith Stacey y Timothy Biblarz, titulado ”(How) does the sexual orientation of parents matter?”, reexaminó 21 estudios psicológicos entre 1981 y 1998 en los niños criados en ”familias” monosexuales (18 de lesbianas y 3 de gays).






Y pese a lo habitualmente se quiere trasmitir, encontraron diferencias con los niños criados en hogares heterosexuales. También observaron que los investigaciones anteriores habían procurado reducir al mínimo cualquier diferencia encontrada en los niños criados por parejas monosexuales para evitar inflamar la ”homofobia.”






Según Stacey, ”Debido a que los ideólogos antigay buscan la evidencia del daño, los investigadores progay son tendenciosos hacia su ausencia.”






Estos investigadores progay, notó, ”caminan cautelosamente alrededor del tema de las diferencias.” Stacey cree que los investigadores deben honestamente divulgar cualquier hallazgo de diferencias, ya que esas diferencias, cree ella ”son realmente de ninguna consecuencia respecto al desarrollo moral o emocional de niños en hogares del mismo sexo”. Esto representa una admisión por demás interesante de dicha socióloga del ideologismo monosexual (frecuentemente citada en Cortes de USA como dictamen favorable a parejas de lesbianas o gays) ya que llevada por su extremismo pro-glbt para ella esas diferencias ”no tienen importancia”. Expresa, con no poca coherencia por cierto, que admitir como ”defecto” que los niños criados en parejas homosexuales devienen afeminados, significaría una ”capitulación” frente a los ”mitos” de género creados por el ”heterocentrismo”. Stacey ha confirmado lo que han sospechado muchos desde siempre: Que los investigadores pro homosexuales sobre comparación entre niños criados por homo o heteros redujeron al mínimo deliberadamente cualquier diferencia para proteger al colectivo homosexual contra la condenación social. Eso, obviamente, no es ciencia, sino propaganda y es bueno que se aclare, pero ¿Y qué diferencias encontraron Stacey y Biblarz en su revisión de esos estudios anteriores? y que ”no tienen importancia”.






Encontraron que:






1) los niños criados en parejas lesbianas eran más proclives a tener experiencias homosexuales que los niños criados en familias heterosexuales.






2) Que los niños en ”familias” homosexuales eran menos proclives a adherir a los papeles culturalmente aceptados del género, los varones eran más femeninos y las muchachas eran más masculinas en ”familias” de lesbianas o gays.






3) Que los niños tenían temor de que sus ”padres” se enojaran si sabían que eran heterosexuales.






4) Que las niñas criadas en ”familias” homosexuales eran más proclives a iniciarse sexualmente más temprano y tener más contactos sexuales comparadas con niñas de hogares hetero y en los varones sucedía al revés: se producía una tendencia a la castidad.






5) Que los niños en esas condicions tienen más amigos gays o lesbianas que los provenientes de hogares heterosexuales.


















(A los que deseen acceder al artículo original en Inglés, tipeen el nombre del mismo ”(How) does the sexual orientation of parents matter?” en un buscador en inglés y se abrirá en formato pdf)


















De los cinco ”problemas” expuestos, el que lleva el número 3) merece un capítulo especial.


















(Continuará.....)ROBERTO BALDINI






Habitante del foro









































































 El texto que he puesto aquí resulta de 24 mensajes sucesivos que coloqué en los foros del PP, al calor de una discusión y enfurecido porque injustamente habían censurado alguna de mis intervenciones. El material no está corregido ni tiene una diagramación ni subtítulos para mejorar su lectura.






Aunque recoge mucho de mi experiencia en los foros del PP entre los años 2001 y 2002 solo son borradores para alguien que encuentre elementos útiles a los fines de seguir profundizando seriamente en el tema, ahora que se avecina el debate parlamentario en España.






Lo que más deseo es que a partir de críticas (serias obviamente) que puedan hacerse a estos textos, todos encontremos nuevos elementos enriquecedores de la discusión.ROBERTO BALDINI






































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